El mantenimiento correctivo (también llamado reactivo) es el trabajo que ocurre después de que algo se rompe. Un motor falla, una cinta transportadora se detiene, una bomba gotea — y se despacha a un técnico para repararlo. No hay programación, no hay planeación, solo respuesta.
Todo equipo de mantenimiento hace algo de trabajo correctivo. La pregunta es cuánto del total. Las operaciones maduras bajan esta proporción invirtiendo en mantenimiento preventivo y predictivo, porque el trabajo correctivo es caro de tres maneras:
- Tiempo fuera de servicio: el activo está parado mientras se diagnostica y repara la falla.
- Mano de obra: los llamados de emergencia disrumpen el resto del calendario y muchas veces requieren horas extra.
- Repuestos y daños colaterales: una falla inesperada suele dañar componentes adyacentes o causar problemas secundarios.
El consenso de la industria es que una reparación de emergencia cuesta aproximadamente 3-5 veces más que la misma reparación hecha durante mantenimiento planificado.
Cuándo el mantenimiento correctivo es la opción correcta
No todos los activos vale la pena mantenerlos proactivamente. Para elementos de baja criticidad que son baratos de reemplazar y fallan sin disrumpir la operación (una lámpara de escritorio, un sensor no crítico), operar hasta la falla es racional. El costo de prevenir la falla supera el costo de la falla misma.
El arte de un programa de mantenimiento es decidir cuáles activos reciben atención preventiva y cuáles se pueden dejar fallar por su cuenta.